Retomo el blog desde Gran Canaria.

Estimados amigos, muchas cosas han sucedido desde que escribí por última vez en estas páginas.

He llegado a canarias, después de estar 4 días en Madrid, luego volví a salir dos días para Alicante, y volví de nuevo a la isla. Desde que llegué me he puesto casi a tiempo completo a retomar mi vida después de un año fuera.

Uno de los mayores miedos de los cooperantes que comienzan las misiones no es la salida, sino la llegada de nuevo a su tierra. Hay muchos que sufren una suerte de desarraigo tal que, luego de haber estado tanto tiempo en otros sitios, haciendo cosas tan distintas (y tan iguales, al mismo tiempo), no encuentran un lugar en la sociedad que les vio partir. 

Es cierto que este tipo de viajes nos facilitan llenar las maletas de recuerdos y experiencias que nos hacen madurar y evolucionar mucho en poco tiempo. Sin embargo, en casa todo sigue siendo lo mismo. Los amigos de los que uno se despidió siguen viviendo la misma vida que les hace feliz, y el mundo sigue avanzando. A lo sumo, todo un año de experiencias puede llegar a amenizar alguna cena, contando anécdotas, pero poco más a efectos sociales. La cooperación no nos hace más altos, ni más fuertes, ni más guapos, ni más listos, ni más buenos, simplemente nos da una satisfacción muy personal que no se puede compartir. Uno así a la vuelta se siente reposado mentalmente, quizá más sabio por el tesoro de las experiencias, quizá más humano por la cercanía con la gente que más lo necesita. Pero es una satisfacción silenciosa aunque muy gratificante.

A la vuelta hay que retomar el tiempo perdido, montarse en la guagua en marcha -que nunca se paró- si seguir viviendo. Y esto es, justamente lo que he estado haciendo estos días. Mudanzas, montando muebles, limpiando la casa, comprando algunas cosas necesarias, etc. Por eso no he podido actualizar el blog.

Desde que tenga otro ratito publicaré los ejercicios que quedan pendientes hasta la fecha para tener la secuencia de las 16 semanas entera, que va tocando ya a su fin.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa,

Narwhal Tabarca.

Ya estoy de nuevo en Paraguay.

Estimados compañeros,

después de un mes y medio de vacaciones y luna de miel por mi tierra canaria, acabo de entrar por la puerta pa´dentro. Vengo cansado, ciertamente, por el viaje, a saber dos horas y media de la isla a Madrid, once horas desde ahí hasta Sao Paulo y luego dos horas más hasta Asunción.
Sin embargo, la llegada ha sido muy amable. Paraguay me ha recibido como el hogar al que uno vuelve luego de unas vacaciones, y esto me ha sorprendido. Cuando salí para Canarias estaba deseando cubrir todas aquellas necesidades que tenía en números rojos: estar con los amigos, tomarme alguna cerveza en la playa, la brisa de Tirajana y, por supuesto, el mar. Ese mar tan ausente en el corazón de sudamérica desde donde vuelvo a escribir ahora mismo.

Sin embargo, hoy al llegar me he sentido de nuevo en mi sitio, en el lugar donde conocí a mi esposa, donde desempeño mi trabajo para ayudar a los más desfavorecidos, donde está la perrita esta que, aunque pesada, es entrañable.

Sí queridos compañeros, este es mi hogar, en donde todo yo me siento yo, o todo cuanto me rodea es ya una parte de mi. Recuerdo entonces los versos de Lorenzo Oliván cuando se pregunta cuanto de mí soy yo después de despertarme y cuánto se queda en el sueño. Sin lugar a dudas, hoy me parece que este platillo en la balanza es el que más pesa. El sitio donde me despierto entusiasmado por la vida, lejos de todas las presiones y las críticas absurdas a mi forma de vida.

Y si esto es lo que soy, amigos míos, seguiré siendo yo, con las mismas ganas de sonreir que tengo ahora que he llegado.

Por esto, reciban esta sonrisa que les mando y, como siempre, mi abrazo.

Narwhal Tabarca.

Ya lo hago oficial. El 28 de noviembre de 2008 me caso.

Queridos amigos,

He querido aguantar la noticia, para poder comentarles esto una vez que esté todo preparado. Ciertamente aún no lo está, sin embargo, ya tengo los anillos, el traje de la novia está terminado, las invitaciones en la imprenta y la ilusión a flor de piel. Efectivamente, me caso con Jorgelina Carla Méndez, una chica de Entrerríos, Argentina. 

Ese día, compañeros, el río Paraná y el Océano Atlántico entrelazarán sus dedos, con vocación de eternidad. Al menos por eso intentaré luchar, para que lo que comienza en este presente tan nuestro no sea un vago recuerdo en el que nos pertenezca en el futuro.

Se que muchos no han terminado de entender las urgencias y la prontitud del casamiento. Y por ello quiero hacerles un breve resumen de lo que ha sido el proceso hasta el día de la fecha.

Como muchos saben, la decisión de venir a Paraguay no fue mía. En el mundo de la cooperación uno tiene apenas margen de decisión para saber en donde plantará su hogar por los siguientes meses o años. De hecho, me enteré un día, de repente, mientras comía en el restaurante de mi compadre Yeray, sobre el 5 de abril de este año, aproximadamente. En aquella ocasión, la responsable de delegados me dijo que me venía a Paraguay un año. Como saben, yo venía esperando esa ocasión desde hacía entonces más de ocho meses, y me tomé la noticia con la prudencia necesaria para no desilusionarme en el caso de que aquello no fuera más que una falsa alarma. No lo fue, y en cuestión de una semana estaba saliendo para Madrid a prepararme en una secuencia de cursos y briefings que me dolieron en los párpados.

Sin embargo, en esa semana que aún pude disfrutar de mi isla y mis amigos, ocurrió algo mágico. En una corta despedida, en el mismo restaurante de mi compadre, el Bandera (en Meloneras), para más señas, me tomaba una copa con un amigo que no recuerdo bien quien era. Lo cierto es que al acabarla, le dije que nos iríamos a tomar la siguiente en el Black Out (un bar aledaño, que regenta un compañero cubano llamado Boris, novio de Vanina, una buena amiga Argentina). Realmente no se por qué me decidí por ese bar en ese momento, pero mi fijación era inquebrantable.

Así lo hicimos. Al entrar en el bar, ciertamente Vanina estaba en uno de los rincones, con varios amigos. Entre ellos dos chicas, una morena, rubia la otra, y sobre el sillón, dormida, una niña de cinco años. Se presentaron como Raquel y Maria Rosa (la pequeña durmiente era Valentina, la hija de la segunda). Es ese momento Vanina explicó que yo me iría a Paraguay en cuestión de una semana, y ellas, las dos nuevas amigas, abrieron los ojos con entusiasmo. Resultó que ambas eran Paraguayas y que habían llegado a canarias hacía apenas un mes. El nudo se trenzaba. Allí nos sentamos largo rato a conversar sobre esta tierra y aquella, cambiamos pareceres, me dieron apoyo y una información valiosísima para mi viaje, y me hablaron de su amiga Jorgelina.

Jorgelina, en aquel entonces no era más que un nombre lanzado al aire, y hoy preparo mi boda con ella. Pero no quiero adelantar los acontecimientos.

Después de varias ocasiones en las que nos vimos esa semana, recibí dibujos, guaraníes para entregar en destino, algún regalo para las familias de Raquel y Maria Rosa, y puse rumbo a Madrid. Allí, nada que contar sucedió. Reuniones, cursos, preparación para el viaje. Un cúmulo de acontecimientos que duraron tal vez unas dos o tres semanas. 

El 25 de abril de 2008 puse por primera vez mis pies en Paraguay. Era un día agradable, no hacía ni frío ni calor, cero grados, como alguien diría. Fui recibido por la contraparte local, invitado a almorzar y luego, llevado al hotel, en donde descansé a pierna suelta. Al día siguiente, recibí una llamada. Al levantar el teléfono, escuché una voz dulce, de leve acento argentino, tímida diría, que se presentó como Jorgelina. Yo estaba solo en Paraguay, ávido de conocer gente nueva, así que la invité a ella y a Diego, el hermano de Raquel, que luego me llamó también, a tomar una cerveza y conocernos. Quedamos a las 10.30 de la noche.

Cuando salí del hotel, ya el coche de Diego estaba esperándome, con las dos ruedas de la izquierda montadas sobre la acera. En Paraguay es costumbre que todos los vehículos tengan los cristales tintados (una forma bastante efectiva de combatir el calor del verano), lo que provocó que no pudiera ver a nadie desde afuera. Sí reconocí a Diego, empero, porque al verme (le habían dicho que me parecía al Che, que cosas tiene la gente) abrió su ventana y me hizo gestos para que subiera. Así lo hice, monté en el coche por la puerta trasera izquierda. Allí noté en la oscuridad que a mi lado había alguien sentado, en frente Diego, a los mandos del vehículo, y a su lado, su mujer. Saludé a todos y miré a mi derecha. 

Fue en ese momento cuando vi por primera vez los ojos de Jorgelina. No voy a hacer pedante hablándoles de su belleza y su dulzura porque me matan ustedes y me mata ella, pero sí les puedo decir que esa imagen no se me borrará jamás de la mente. Fue la primera vez que la vi, y ya era eterna. El nudo ya estaba hecho, con la maestría del mismísimo Ned Land, el arponero de Julio Verne que subió (como yo en aquella ocasión) a un vehículo que le cambiaría la vida, en ese momento, el Nautilus.

Esa noche estuvimos hablando hasta muy tarde Jorgelina y yo, conectamos a la perfección. Descubrimos que nos conocíamos ya desde su eternidad y la mía, como llegué a escribir al poco de aquel encuentro. Desde entonces, cada día que he estado en Paraguay ha sido en compañía de este regalo tan de nadie, que me dio la vida, un día cuando decidí entrar en el bar de Boris, o un día cuando decidí seguir la senda de las palabras de la anciana en el bar de la calle Francisco de Sales en Madrid.

Efectivamente, compañeros, han pasado ya más de seis meses desde aquello. Nos hemos visto a diario, vivimos juntos desde hace cinco meses, y cada día todo es mejor que el anterior. Estamos convencidos de que esta es nuestra historia, la que escribimos cada uno uniendo los azares, y las causas de la vida.

Por eso, el día 28 de noviembre de 2008 me casaré con ella. No hay prisas cuando la voz de la prudencia de guía los segundos. Cada cosa está yendo a su ritmo.

Gracias a la vida, gracias a ustedes amigos míos

Reciban mi abrazo y mi sonrisa siempre.

Narwhal Tabarca.

“sigo viviendo la vida que quiero vivir” -gracias Ana, donde quiera que estés-

Tormenta en Asunción.

Estimados amigos,

ayer por la noche, estaba tumbado en la cama, cuando de repente comencé a ver unos flashes tremendos que entraban por la ventana del balcón. Ilusionado con la posibilidad de haberme hecho famoso, y ansioso por recibir las fotos de miles de seguidores de no se qué oculta cualidad que debía de tener, di un salto de la cama. Sin embargo, cuando salí al balcón -con mis peores guisas, todo sea dicho de paso, a saber uno gayumbos y un solo calcetín puesto en un solo pie (una costumbre que tengo de pequeño), vi en lontananza un espectáculo de rayos y truenos que me dejó bastante fascinado. No pude hacer pues otra cosa que ser yo – y ya no mis fans, que a esa alturas ya había comprobado que no los había- quien se convirtiera en fotógrafo de tremendo espectáculo.

Estas son las fotos que saqué:

 

Mientras me encontraba fascinado por la belleza de la electricidad, no me percaté de que la tormenta de a poco se me iba echando encima. Y me di cuenta justo a tiempo de que el viento que arreció contra mi cámara y mi cara, no llegara a mojarme, por segundos. Efectivamente, al cerrar la ventana, una fuerza que jamás he experimentado anteriormente, quiso reventar el cristal desde fuera. Luego todo fue yendo a más, y en cuestión de minutos el viento se llevaba todo cuanto encontraba a su paso: árboles, techos de zync, postes de la luz, postes de teléfono, coches. Ante la magnitud del tema, le dije a Jorgy que me siguiera, y, acompañados por la perra, nos encerramos en un baño de la casa que no tiene ventanas al exterior. Mientras esperábamos se fue la luz. A oscuras, escuchamos un estruendo de cristales, e, inmediatamente después, muebles que se estampaban unos contra otros, y se frenaban impactando contra las paredes. La perra temblaba. Yo tenía una tremenda necesidad de salir a ver qué sucedía, Jorgy me pedía que esperásemos hasta que pasara la tormenta del todo. Pudo más su opinión que mi temeridad. No después de mucho tiempo, quizá unos quince o veinte minutos, salimos al salón. Mi sorpresa fue ver que todo estaba perfectamente, tal cual lo habíamos dejado. Tuvimos la suerte de que las ventanas nuestras son viejas y no cierran del todo, lo que provocó que parte del viento y el agua entraran con fuerza por las ranuras, aliviando a los paños de cristal de la presión que se les venía encima. Sin embargo, no corrieron la misma suerte las ventanas de nuestro vecino de arriba, que reventaron saltando literalmente por los aire sus cristales hechos añicos, cual metralla. Tal fue el revuelo que llegaron hasta nuestro balcón (en el piso de abajo, sorteando todo tipo de obstáculos que encontraron a su paso. Evidentemente, los ruidos de muebles y cristales procedían de esa casa.

Al acostarnos, no había llegado aún la luz. Luego, a las 5 de la mañana me sonó el movil. Mi compadre Javier, desesperado, me pidió que fuera de urgencias al hospital. Su hijo estaba a punto de nacer, el hospital no tenía ni medicamentos ni luz, las farmacias estaban cerradas y él no tenía dinero. Esta historia se las contaré más tranquilamente en otra ocasión. Pero ya les adelanto que Jorge (así se llama el pitufo) duerme hoy tranquilamente junto a su madre. Ambos están bien.

Si les comento que, en esta segunda historia, tuvimos que recorrer a 100km/h las calles de Asunción, en busca de farmacias que pudieran atendernos, a esas horas aún no había luz, pero luego, cuando el sol comenzó a despuntar este fue el panorama que vimos. (Por cierto, la plaza Uruguaya, con la que comienza este vídeo está a 50 metros de mi casa):

 

 

Además, revisando hoy algunas noticias sobre el temporal, he sabido que causó al menos un muerto, además de los destrozos que ya les he comentado.

Sin lugar a dudas, una de las mayores tormentas que ha azotado a Asunción en las últimas décadas. ¿hay alguien que aún dude del cambio climático?… sin comentarios.

 

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

 

Narwhal Tabarca.

Algunas fotos de la Ayuda Humanitaria por granizos en Horqueta, Paraguay.

Estimados amigos,

vuelvo otra vez a la fotografía. En este caso, quiero compartir con ustedes estas tomas que he hecho durante la distribución de Ayuda Humanitaria en los barrios campesinos de Horqueta (Dpto. de Concepción, Paraguay). Espero que sean de su agrado. Si hacen click sobre las imágenes podrán verlas en grande.

 

Un fuerte abrazo, una amplia sonrisa,

Narwhal Tabarca.

Selección de poemas escritos en Paraguay.

Estimados amigos, el otro día le tocó a las fotografías, y hoy he querido compartir con ustedes algunos poemas que he estado escribiendo desde que llegué a Paraguay. Ahí van,

 

1. 

Fue como quise insinuarte,

así, ¿te das cuenta?

me despedí de tí

en el hall del hotel Cecilia

y te vi marchar

con una sonrisa dibujada en el rostro

y una débil promesa en nuestro beso

y, sin embargo, seguías allí

cuando llegué a mi cuarto

y me abriste la puerta.

Seguíamos susurrándonos

futuros de aire

cuando nos venció la noche

con su beso…

Fue como quise insinuarte,

te quedaste aquí

cuando pensaste que ya te habías marchado

y me volví a dar cuenta

así, bien de mañana

cuando tu voz me despertó

con la alarma de mi movil

y era de tabaco y channel

el olor del cigarrillo que prendí

pensando en tí.

Luego tus dedos,

esos dedos tuyos de fuego y nube

que me acariciaron el pecho

cuando entré en la ducha

y eras el agua y el recuerdo 

de unos ojos

clavados en mi labios, 

mientras cerraba los párpados.

 

2. 

Es como llegar

con los ojos cerrados,

con una confianza de gorrión en su nido

y paso firme, de elefante diría.

Con voz y sombra

de campesino viejo

pronunciando los dichos

que le dijo su abuelo,

se presentó la vida

de repente, por sorpresa.

Me dio los buenos días

desayunó conmigo

y sin saberlo apenas

me hizo su aliado.

Desde ese día

yo ando con las manos,

no miro al suelo

y así voy descubriendo

las copas que me brindan 

los árboles y el vino.

Una buena mujer y bella

habita entre mis brazos

y atesoro sonrisas,

para ganarme la vida.

Así ha sido,

las nubes no me quitan

el ojo, ni el sueño

las sillas me valen

casi para cualquier cosa,

sigo los consejos del río Pilcomayo

y la senda que me ofrece

travieso el Paraná

- me recuerda siempre

que una vez fue mi amante,

que sabía de mi vuelta

para beber de sus dedos,

así abre sus manos, yo procedo,

y río su ocurrencia

de amigo y de amor-

 

Pude dejar atrás cualquier cosa

y no recuerdo bien

si era buena 

o si era mala:

una mujer mirando un horizonte nuevo,

una familia, un perro, una casa.

Obligaciones quedaron

que me martilleaban

con su celo insaciable

y yo le daba golpes, a veces diría,

por compasión quizá;

no pudieron dominarme

ni pude dominarlas

y como no me extrañan

yo tampoco lo hago,

y el tiempo anda al galope

entre su yugo y mi voz.

 

3. 

Jorgelina,

una paloma brota de mi garganta

y es de seda la estela de nubes

que abate con sus alas.

 

Jorgelina pronuncio

y surge un pueblo de puerta abiertas

y de olor a tu vientre.

 

Jorgelina digo y ¡Zas!

una orquídea se abre

como un reloj de arena

sin arena

que marca un tiempo

que pasa, humilde, sencillo

restándose importancia.

Eterna entonces, Jorgelina,

llegué, llegaste, nuevos

como quien llega a casa

cada día.

¿cuántas veces habíamos hecho todo ya

cuando lo hicimos por vez primera?

¿te das cuenta?

le llevamos ventaja al tiempo

y, al fin, le ganamos la partida

- lo que no le dijimos nunca

fue que nos sabíamos ya

desde tu eternidad y la mía,

en cualquier sitio,

en todas partes-

 

Jorgelina, 

reclamas mi silencio

solo cuando quieres descansar

sobre mis labios,

y te acurrucas en ellos

de pies a cabeza,

 

reclamas mis caricias

cuando el jamás no existe

y mis manos recorren

el pueblo que eres.

 

4. 

¿Qué te puedo decir

después de todo?

después de que asomara

un vendaval de colores

por encima del río,

y que me descubrieras tu tierra

en la fina extensión de tu dedo.

Después de oler a tí el día entero,

entre tus brazos

y la fiaca del domingo.

Qué te puedo decir,

después de demostrarme

que no me canso 

de reposar en tus labios,

y que tu entrega

tiene piel y voz de infinitud,

-en ese momento en el que ya

hasta mis brazos son parte de tu cuerpo-

y es tu voz

un prolongación, un eco

de lo que no callé

y es tu silencio

una prolongación, un eco,

de lo que no te dije.

Y, sin embargo, sigo sin saber

qué poder decirte,

después de todo.

 

5.

No es mala idea bajar al bar todos los dias,

respirarme un poco,

para ser ese viejo escarabajo, modelo brasileño

que parece más chato y más redondo,

confundirme con el vicio de las señoras

que frecuentan el Café Literario

y serme yo,

sin benvolencias

ni complacencias.

No es mala idea bajar al bar todos los días,

pisar la calle,

ser la calle,

tan lejana a veces, 

en mi retiro por las nubes.

Robarle una conversación al aire

y a la mesa de al lado

- de asuntos vanales, como todo lo ajeno-.

Un poco de ruido

no le viene mal a este silencio

que me hace hablar con nadie

y enfadarme a gritos

y volverme loco, en ese momento

en el que todo vale.

¡Es tan gratificante bajar al bar todos los días!

sentirme así,

como un perro de nadie,

imaginar que puedo

mear en las esquinas

y si mendigo entre las mesas, ceno

sin gastar un solo guaraní.

Sentir que no me observan

mientras escribo esto,

siendo espía del pais que me siento,

un quizá vacío,

un consenso a medias,

o la salutación de todas las gallinas

al gallo que se acerca.

Y así, mientras escribo,

hoy, que decidí bajar al bar

todo parece deliciosamente extraño

- y, sin embargo, igual que ayer

en esta mesa-

el Mariscal López pasea a mi derecha

con veinte años menos y doce kilos más,

observa a una chica, que a su vez me observa,

me ve escribir y escribe

-por mimetismo creo-

y en su cuaderno nace también otro poema,

haciendome sentir, muso, poeta y perro.

Es tan gratificante bajar al bar todos los días

que creo que comienzo a odiar mi casa en las alturas,

quizá fuera mejor hacerme zapatilla

para pisar la calle y el polvo del Asunción.

 

6. 

Dibujar,

dijo el dibujo del brujo Corujo.

Dibujar los niños

dibujar los árboles

dibujar la voz 

-aunque técnicamente no se pueda,

si por técnica entendemos esa extraña excusa

para no dibujar-

dibujar un lápiz que dibuja un lapicero

dibujar tus labios, tu rostro

dibujar tu pelo,

convertirte en un concierto

de luces, de sombras

que se extiendan todas

por la yema de mi dedo.

Dibujar la luna, a cuatro trazos

las estrellas, las nubes,

los hombres y los hombres

dibujar visiones y misiones

dibujarle alguna laguna

a la luna de antes

dibujar el sol, 

después de tu marcharte,

y que siempre llega

aunque ya sea tarde.

Dibujarte perra, lenta, atenta

cuando estás que ardes

dibujarte llana, plana, tan cobarde

dibujar y dibujarte

pero solo cuando me canse

de escribirte y describirte

no se si me entendiste..

 

7. 

Llegar,

para contarte cosas

bien distintas siempre

aquellos que sabías

pero nunca floreció

-porque las mismas historias

se hacen nuevas,

como una rueda que siempre pisa ahí

y nunca se repite-

así vamos compaginando la vida,

con tu halo de escucha

rodeando mi voz

complacida por tí.

De esta forma,

podría yo inventarte,

reinvindicarte,

ser capaz de volarte

a toda costa.

Imaginarte entonces

es simplemente serte,

ser tu piel por la mañana

reposada, distante, evadida,

tu pelo enmarañado

tu voz ausente

trágico tu sueño, que no llega

terco tu interés en prolongarte

con la noche

decidido el abrazo que reprimo,

soy

serte

cuerpo entregado a la lascivia

ajeno a mí

y, sin embargo, yo.

 

8.

Te esperto

sentado en el café.

Una fría tarde de invierno

languidece afuera, oscura.

Bajo mi mano, apenas,

un estertor de espejos

y sobre mí, sin duda,

la lentitud del tiempo.

Puedo pasar horas

sumido en tu recuerdo

manlentender la vida

que se pronuncia débil

celando su mensaje,

tener algún segundo

de lucidez sin tregua

y, sin embargo, 

no hago más que esperarte.

Porque es otro color 

el que baña las cosas,

me hablan otras voces 

de futuro y entrega,

otra noche se abre

a pesar de mis pasos,

y el verso dormita

cuando tu llegas.

 

9 (versión Paraguaya)

No dejo de ser un niño

jugando a la cogida

en Asunción

- con lo que ello implica-

si me toca, te encuentro

te arrincono y te cojo.

si te tocas, me muero

si te toca, me dejo encontrar al toque

para que me cojas pronto

y lentamente, como tu sabes..

¿me coges?

 

9 (versión Española)

No dejo de ser un niño

jugando a las folladas

en Tunte

- con lo que ello implica-

si me toca, te encuentro

te arrincono y te follo,

si te tocas me muero

ti te toca me dejo encontrar al toque

para que me folles pronto

y lentamente, como tú sabes

¿me follas?

NOTA: en Paraguay el verbo “coger” significa “follar”, por esto el juego de palabras.

 

Bueno, compañeros, ahí les dejé unos poemas. Estoy abierto a críticas, si se animan.

 

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

 

Narwhal Tabarca.

Cómo poner una guagua en marcha, llena de pasajeros.

Queridos amigos, 

Asunción es últimamente un hervidero de manifestantes. Cada mañana, desde las ocho, los manifestantes se concentran en la Plaza Uruguaya (junto a mi casa) y emprenden una marcha normalmente hasta el congreso de los diputados. Pues bien, cuando acaba el evento, si uno observa con detenimiento, puede encontrar escenas tan curiosa como esta que tuve ocasión de grabar. No hago comentarios al respecto, porque se comenta a sí misma. Espero que les guste,

 

 

Un abrazo y una sonrisa,

 

Narwhal Tabarca.

Notas en el cuaderno de viaje. Café literario de Asunción.

Queridos amigos,

cada tarde me voy al café literario de Asunción (el bar de la esquina), donde aprovecho para desconectar del día y conversar con mi cuaderno de viajes. Ayer, en esta rutina tan saludable, escribí lo que viene a continuación. Espero que les guste saber estas cosas tan nímias:

Estoy sentado en el café literario de Asunción, y es una delicia. Llego callado y sonriente, cuaderno en mano, cada tarde. Me pido una cerveza, algo para picar y comienzo a escribir. De cualquier manera, a lo que salga.

La verdad, es reconfortante tener un sitio así tan cerca de mi casa. Aunque a veces pienso que me falta un amigo, que me acompañe en estos ratos. Un amigo con el que hablar y que me cuente sus novedades diarias, o sus vanalidades viejas. Cualquier cosa. Un amigo al que insultar a veces.

Hoy pude hablar con algunos a través de internet. Y quise estar allí, tan solo unos segundos, un cubata acaso y volverme. Que raro se me hace estar aquí. Estar haciéndome a esto. Adquirir las constumbres de esta gente ajena. Pasear por las calles me parece extraño. Y sin embargo, más extraño me resulta acostumbrarme. Si no hablo ya me tratan como a un igual, y si hablo me creen venezolano. Esto le debo al acento canario.

Por las mañanas ando un kilómetro o más para llegar a la oficina. Y esto me tiene delgado y me siento algo más en forma. Fumar fumo lo mismo, pero beber casi no bebo. Aquí solo toman cerveza, pero nunca para acompañar la comida, sino como trago para emborracharse, cual cubatas. Esto es precisamente lo que me acabo de pedir yo ahora mismo, un cubatita, porque me apetece. Brindaré por mi hermano que hoy anda con una chica cuyo nombre me reservo.  Ayer estaba con otra, con semejante reserva de nombre, y esta noche no se quien será la afortunada (cuando lea esto me mata). A su salud este cubata.

Ahora mismo son las 7 y 24 de la tarde. Me acaban de poner la copa. Que rico el sabor del ron después de tanto, la bebida del pirata. Diría que lo echaba en falta, no por llevar un mes sin tomarme uno, sino por verme obligado a tomar cerveza. Aquí, si uno se toma un ron, lo miran mal. Quizá mal no sea la palabra. Lo miran como si fuera un bebedor añejo, de estos que pueden con todo. Supongo que la visión sería igual que la que podemos tener en canarias de estos señores de pueblo que se desayunan un carajillo bien cargado de coñac y un wisky solo y sin hielo a media mañana. Algo así.

Aquí me ven con un ron y admiran mi hígado. Si fueran a España y se dieran una vueltita por cualquier zona de marcha un sábado por la noche, se mueren. Estas cosas tienen los encuentros entre culturas. Y sin embargo yo no me termino de acostumbrar a esta fijación del paraguayo al Tereré.

El tereré ha sido un tremendo descubrimiento para mí. Cuando estuve en Argentina conocí la cultura del mate, y hoy en día la sigo descubriendo gracias a Jorgelina (que lo toma todas las tardes). Pero nunca nadie me había hablado del Tereré.

El tereté se debe, según creo, al intenso calor del verano paraguayo. Me han comentado que es insufrible, llegando a temperaturas de unos 45 grados a la sombra.

Dicen que cuando la necesidad aprieta, se agudiza el ingenio. Y el paraguayo tiene mucho de necesidad y de ingenio. Por ello ha inventado para estos casos el Tereré. Este invento no es otra cosa que el mate, pero con hielo. Así de simple. Dentro del Termo del agua meten hielo y en el mate (en el vaso) echan la hierba mate, como siempre. Luego ya, como en todo, está la idea original de cada cual, y una se ha seguido hasta el límite de convertirse en costumbre. Se diseñaron grandes termos de agua que albergaban, al menos, dos litros, forrados con piel, con un hueco preparado para la huampa (cuerno de vaca que hace las veces de mate -vaso-), un agarre para la bombilla (pajita metálica con un dispositivo de filtro en la boca) y lo llamaron: equipo de Tereré. Yo quiero comprarme un equipo de tereré en estos días. Como recuerdo y para aficionarme a él. Además, este pequeño invento siguió sufriendo modificaciones y añadiduras y en el campo comenzaron a añadirle lo que denominan Yuyos (o remedios). Así, si uno tiene cualquier tipo de dolencia basta con que use un yuyo determinado para aliviarla (no son más que remedios de hierbas). Así, además, de refrescar en verano, cura.

Me gustaría conocer algo más acerca de los yuyos. Estoy convencido de que adentrarse en este conocimiento es tanto como abrir una puerta al valioso mundo de los remedios naturales antiguos, transmitidos de boca en boca, desde tiempos inmemoriales hasta hoy. Lo tengo decidido, mañana me compro mi propio equipo de tereré. De momento voy tirando con una bombilla y un mate (el segundo que me compro ya en el mismo sitio) de los que bien podría decir que son casi de usar y tirar. El primer mate paraguayo me duró 4 días. Lo compré en una gasolinera de Asunción (que por cierto hay muchísimas) y era de palo santo del brasil. Ya me había advertido Jorgelina que estos mates duran poco. Como digo, al cuarto día expiró porque se resquebrajó en manos sus manos haciendo un ruido bastante peculiar y que provocó nuestra risa.

El segundo es también de madera, pero está recubierto de metal. De momento ha durado un mes, pero dice Jorgy que estos se agujerean cosa mala. Ya les contaré cuanto dura. Mañana por la tarde me compro ese equipo de tereré con huampa. Y cuando vuelva a España le llevo uno también a Rosa, que estará echándolo de menos y ahora entiendo por qué. Con el calor de canarias es de entender.

Me despido que me echan en cuestión de minutos”

Estimados amigos, es solo una anotación de un día cualquiera. Pero así saben como van siendo mis dias cualquiera.

 

Un abrazo, una sonrisa siempre.

Narwhal Tabarca

Proyecto de Lechería. Isla Umbú, Ñeembucú. Paraguay (con video)

Estimados amigos,

hoy he decidido ponerles un vídeo que hice en estos días sobre uno de los proyectos que estoy supervisando. Se trata de la creación de una microindustria de acopio de leche en el departamento de Ñeembucú, al sur de Paraguay. Para los que no estén muy acostumbrados a la cooperación internacional les cuento que no todo son camiones cargados con útiles de primera necesidad en momentos de catástrofes (parece que estamos acostumbrados a ver solamente la parte de la Ayuda Humanitaria o de Respuesta ante desastres), no, eso también se hace cuando es necesario, pero la inmensa mayoría de la cooperación, se trata de cooperación al desarrollo (no me des los pescados, enséñame a pescar).

Pues bien, este vídeo que les pongo a continuación es uno de estos proyectos de cooperación al desarrollo. Está financiado con fondos de la Comunidad de Castilla-La Mancha. Se trata la construcción de una nave de producción de productos lácteos (leche, yogurt y quesos) que se gestionará por los mismos beneficiarios con el asesoramiento tanto de la Cruz Roja Paraguaya, como de la UNA (Universidad Nacional de Asunción). Los beneficiarios son pequeños productores ganaderos, que tienen las vacas pero no tenían los medios y el asesoramiento suficiente para crear una Asociación, aunar fuerzas y comerciar estos productos en el mercado.

Ahí les dejo el video, espero que les guste.

 

Por cierto, aprovecho ahora para mandarle un beso enorme a la familia de Aida.

Un fuerte abrazo y una sonrisa amplia

Paraguay (con algunas fotos)

Queridos amigos,

quizá hasta ahora no haya tenido tiempo de darme cuenta aún en dónde estoy y qué supone todo esto. Cuando uno viaja, la adaptación interior no va al mismo tiempo que la corporal. Sin embargo, en este caso ha sucedido. En ocasiones pienso y me da la sensación de que llevo aquí meses o años; y en otras ocasiones, el encuentro cultural me da en las narices y me hace darme cuenta de que en todas partes hay costumbres bien distintas a las mías. Es cierto, y pongo un ejemplo para hacer más gráfico el tema. El miércoles pasado estaba trabajando en la oficina, con todo el personal local. Serían las dos, aproximadamente, cuando todos recogieron sus cosas y empezaron a meterme prisas para que yo hiciera lo mismo. No tuve inconveniente, aquello me generaba curiosidad. Así que recogí todo los mío y les seguí. Yo ya me había dado cuenta, durante la mañana, que todos vestían de otra guisa. Con un toque de elegancia y distinción, diría. Perfumados, y maquilladas ellas.

Cuando salí de la oficina, casi en volandas, me metieron en un coche. El destino era un restaurante de lujo en la calle Jorge Bergés. Obviamente estaban celebrando algo, aunque no había adivinado aún el qué. Efectivamente, cuando entré en el restaurante, todo el mundo comenzó a felicitarme. Yo sonreía y daba las gracias sin entender cuales habían sido mis méritos. Pero Ay!, desde la mudez de mi incomprensión observé, y entonces comencé a darme cuenta de que no era yo el único agasajado! todos se felicitaban mutuamente. Procuré ganar el tiempo perdido, hice lo propio, comencé a felicitar a diestro y siniestro y me di cuenta de que mi gesto era bienvenido.

Por un momento llegué a pensar que se había adelantado la navidad. Que aquella costumbre sería algo así como una cena de invierno como las que hacemos en España por las fiestas estivales. Y no me equivocaba. El motivo: el día del trabajador. Cuando me di cuenta, además de respirar aliviado, reí en silencio.

Así es, un detalle tonto en un día cualquiera. Un detalle tonto, que subestimarlo sería imprudente. Es así, de a poco, como va entrando un país entre las venas, con calma, con sosiego, con pequeños descuadres en la conciliación de nuestra cuenta emocional.

Así es el paraguayo que he conocido hasta el día de hoy: hospitalario y expontáneo. Da la sensación de que todos tienen algo que hacer, y todos saben bien cómo hacer lo que deben. Esta foto en la que salgo de espaldas se trata de una visita que hice a una comunidad en un lugar llamado Mariano Roque Alonso. No se aprecia, pero a la izquierda de mi compañera hay unas escalinatas escarbadas en la roca con una pendiente impresionante. Por ahí tuvimos que descender para llegar a la comunidad, en medio de esa mata de vegetación preciosa que se ve a mis pies. Hasta cuarenta viviendas se pueden encontrar por el camino que va acompañado por un riachuelo y varios cerdos durmiendo o paseando plácidamente. Un paraje realmente bello y tremendamente insalubre cuando a dengue, fiebre amarilla o malaria se refiere. Es sabido que los mosquitos ponen sus criaderos en las aguas estancadas, pero no pensemos en grandes lagos ni reservorios, antes bien, cualquier charco, sea dentro de un neumático o en las canaletas de drenaje de la lluvia en los techos de las casas, pueden convertirse en perfectas mansiones para estos insectos de la muerte.

Y en esta foto les muestro algunas de las personas por las que decidí un día hacer lo que hago. Estar entre los más defavorecidos me hace feliz. Qué gran máxima esta de la de aliviar el sufrimiento ajeno.

Desde Asunción, les mando mi abrazo y la más satisfecha de las sonrisas.

Narwhal Tabarca.